La certificación profesional de competencias para ingenier@s se viene realizando desde hace décadas en Gran Bretaña y en Francia. En estos países miles de profesionales se certifican según un modelo que entiende la necesidad de una formación para ejercer la profesión, pero también la necesidad de unas competencias profesionales que permitan acreditar la actuación profesional desde el punto de vista de los comportamientos y las actitudes. De esta manera, se pone de relieve la forma de practicar la ingeniería respetando los códigos de conducta, la seguridad de las personas, el desarrollo sostenible y el ejercicio de las responsabilidades desde una ética profesional irreprochable.

En el colectivo de profesionales de la ingeniería muchos de estos valores se les supone, pero no cabe duda de que ante la proliferación de títulos de Ingeniería, la confusión creada a raíz de Bolonia y las diferentes maneras de practicar la profesión, es necesario un patrón de referencia. Así, distinguiremos entre un nivel PROFESIONAL con por lo menos cuatro años de experiencia, un nivel SÉNIOR con 8 y un nivel EXPERT con por lo menos dieciséis y las competencias exigibles para cada uno de estos tres niveles.

Y cuando hablamos de competencias, conviene explicar que la certificación alcanza aquellas competencias, transversales, que tradicionalmente no están asociadas a la profesión de ingenier@ de una forma específica, y que tienen que ver con una buena capacidad de comunicación, de liderazgo o de gestión de recursos materiales y humanos.

Opiniones de Directores de RRHH


También las empresas valoran la certificación de sus técnicos y es por lo que hemos querido recabar la opinión de expertos directivos en el ámbito de la gestión de personas, como Juliana Vilert, directora d’Organització i Persones de Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya, que nos explica su experiencia en este sentido:

En FGC ya hace un tiempo que basamos la gestión de personas en la gestión de su talento. Y entendemos por talento aquella ecuación que multiplica las competencias profesionales por el compromiso de nuestra gente. Por este motivo es muy relevante tener perfectamente identificadas las competencias, que no queremos limitadas a las competencias técnicas, sino también a aquellas que son exigibles en entornos donde la ética, la responsabilidad, el trabajo colaborativo, la innovación y el liderazgo son críticas”.

En FGC ya hace un tiempo que basamos la gestión de personas en la gestión de su talento«

Juliana Vilert. Directora d’Organització i Persones de FGC

De hecho, la apuesta que hace cada empresa que decide certificar las competencias de sus técnicos va más allá ya que responde a la necesidad de “explicar” también los valores de la propia empresa y es por esto que Ramon Terraza, histórico director de RRHH en ABB, nos dice:

“La certificación profesional es una forma muy interesante de poner en valor las competencias y habilidades de nuestros técnicos, que en definitiva son las competencias y habilidades de nuestras empresas”

Ramon Terraza. Director de RRHH en ABB

Respecto al valor de la certificación profesional como parte de un Curriculum, cuando somos candidatos a un puesto o una promoción dentro de la propia empresa, Vanessa Rodríguez, directora de desarrollo de capital humano en LEITAT Technological Center, piensa que:

El hecho de que los ingenieros dispongan de una certificación de competencias, supone una garantía de éxito de cara a obtener solvencia profesional ya que las certificaciones aportan valor añadido tanto por los candidatos, que pueden evidenciar y acreditar el dominio de un conocimiento técnico para un puesto de trabajo concreto, como por las empresas, en la vertiente de captación de talento y perfiles adecuados acuerdo a sus necesidades.«

El hecho de que los ingenieros dispongan de una certificación de competencias, supone una garantía de éxito de cara a obtener solvencia profesional

Vanessa Rodríguez, directora de desarrollo de capital humano en LEITAT Technological Center

Continua Ramon Terraza:

las empresas industriales y especialmente aquellas que se sitúan en vanguardia de la innovación requieren mucho más de competencias como el interés, la curiosidad o la capacidad de integrar diferentes disciplinas y resolver problemas complejos, que los conocimientos o la propia experiencia, que en muchos casos serán necesarias, pero ya no suficientes”,

Y de acuerdo con nuestra realidad de hoy, sin duda,en un escenario cada vez más complejo, al que se ha venido a sumar un nuevo factor de incertidumbre, disruptivo e inesperado como el COVID19.

No hay que olvidar que en las empresas se valora también, cada vez más, el cómo, además del qué. Y se habla no solamente de resultados sino también de valor aportado, no solo a los accionistas sino a todo el conjunto de elementos que forman su entorno, como los propios trabajadores, clientes, proveedores y a la sociedad en general.

Las empresas quieren alcanzar los resultados, pero no de cualquier manera. Incluso las más grandes empresas estadounidenses se pusieron de acuerdo en esto cuando firmaron el documento central de la llamada Business Round Table, el verano pasado, en el que se comprometían a entregar valor a sus clientes, a invertir en sus empleados, a fomentar la diversidad y la inclusión, la dignidad y el respeto, a tratar de manera justa y ética a sus proveedores, a apoyar a las comunidades en las que trabajan y todo esto protegiendo el medio ambiente adoptando prácticas sostenibles en todos sus negocios, además, claro de generar valor a largo plazo para sus accionistas.

En este sentido, y para asegurar que todos y cada uno de nuestros colaboradores está alineado con estos valores, nos comenta Vanessa Rodriguez que:

las entidades certificadoras, juegan un papel muy relevante para profesionales y empresas, ya que ponen en valor unas competencias que pocas veces están garantizadas por la formación y ni siquiera por la experiencia”.

En este sentido, Juliana Vilert pone el foco también en la necesidad de que estas certificaciones sean realizadas por medio de procedimientos rigurosos y organizaciones prestigiosas, como las que hemos citado, siguiendo la norma de certificación de personas ISO 17024, lo cual aporta además la objetividad propia de una organización independiente de la empresa.

En Europa, seguimos el mismo camino y hemos puesto de acuerdo a organizaciones como,

  • SNIPF en Francia,
  • Engineering Council en UK,
  • CNI en Italia,
  • Ordem dos Engenheiros en Portugal,
  • KIVI en Holanda,
  • AIPE y AQPE en España

y hemos constituido una Alianza Europea de organizaciones de certificación de competencias del Ingenier@, con el nombre ENGINET. La constitución de esta alianza tuvo lugar en París, el pasado cinco de mayo, y pone de manifiesto la imparable tendencia y cambio de paradigma que venimos explicando desde el inicio de este artículo.

La Fundación AQPE, constituida en 2012 por colegios profesionales de Ingeniería de todas las especialidades, cumple con estos requisitos además de ser una organización sin ánimo de lucro al servicio de l@s profesionales de la ingeniería, velando junto a los colegios que la componen por la excelencia de la profesión y por facilitar la movilidad internacional gracias a los acuerdos de reconocimiento firmados con la mayoría de las organizaciones internacionales antes citadas.

Las empresas que han decidido certificar sus profesionales (mira en este enlace algunas de ellas) saben que la fidelización a la empresa pasa por muchos valores como la comunicación, las perspectivas profesionales, la consideración y un trato respetuoso y flexible con sus colaboradores, características que tienen en común todas estas organizaciones.

En definitiva, la certificación Professional Engineer, cada vez más reconocida por empresas, administraciones y profesionales, se convierte en una herramienta de distinción y visibilidad, también a nivel internacional para nuestros ingenieros e ingenieras profesionales.

Francesc González, Director Fundación AQPE